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Veracruz


Women


La Bien Querida


The Bats


Girls


Spectrum


The Vaselines


Joe Crepusculo


Yo La Tengo


Andrew Bird


Phoenix


My Bloody Valentine


Wooden Shjips


The Horrors


Damien Jurado


Crystal Stilts


Magnolia Electric Co.


Bat for Lashes


Vivian Girls


Abraham Boba


Joe Henry


The Pains of Being Pure at Heart


My Bloody Valentine


Jarvis Cocker


Saint Etienne


Bloc Party


The New Year


Alela Diane


Chad Van Gaalen


Shearwater


Kitty, Daisy & Lewis


The Jayhawks


Plants & Animals


Herman Dune


Neil Young


Liars


Deerhunter


Sonic Youth


Simian Mobile Disco


Black Lips




Primavera Sound


La edición de 2009 del Primavera Sound fue una de las citas ineludibles de la temporada y prometía ser la más exitosa de todas las celebradas hasta ahora, tanto en lo referente al público como en lo que concierne al sector profesional. Se preveia que los asistentes superen la cifra del año pasado y llegaran a los 70.000 atradios por el atractivo cartel de este año y la trayectoria del festival.

Posiblemente uno de los mejores carteles que el festival ha presentado en su historia. Esta vez con absoluto equilibrio entre los artistas ‘a descubrir’, algo que los organizadores saben hacer como nadie, y las más rutilantes estrellas alternativas. No obstante, la cita tiene un nombre que brilla por encima de todos los demás, Neil Young.


PRIMAVERA SOUND 2009 SEGÚN EL CACTUS



LA CRÓNICA

JUEVES 28 DE MAYO

Del 28 al 30 de mayo fui a Barcelona, para asistir por primera vez al festival Primavera Sound. Nada mas llegar allí me impresionó las dimensiones del recinto en el Parc del Forum y de la calidad de los servicios que tenían.
Comencé el festival viendo a Veracruz, la banda que se dio a conocer como una de las más firmes promesas del post-punk barcelonés, y después tres años y un disco han dado un giro completo a su sonido para reinventarse y cambiar los rasgueos de guitarra epilépticos por una amplitud de miras.
Con Adrián De Alfonso reconvertido en vocalista principal, la banda que completan Marc Andreu y Mario Fort presentan su segundo disco, un espléndido trabajo de pop desenfocado y rock tóxico, con 11 temazos de rock oscuro y fronterizo. En el disco, publicado exclusivamente en vinilo, colaboran Jens Neumaier (12twelve, Coconot, Giulia y los Tellarini), Pablo Diaz-Reixa (el Guincho, Coconot), Alex Reynolds (Tu Madre) y Israel Marco (Cuchillo).

Después vi a Women, que aunque su nombre diga lo contrario, son cuatro hombretones canadienses especializados en darle la vuela al pop y desenfocar su sonido hasta convertirlo en un puzzle de retales e influencias. Apadrinados por Chad VanGaalen, productor y maestro de la banda, se han estrenado con un álbum homónimo que rompe esquemas sin perder de vista el formato canción.

Y ya en uno de los escenario principales vi a La Bien Querida, el nombre artístico tras el que se esconde Ana Fernández Villaverde, una de las sensaciones de la temporada y uno de los mayores talentos que han aparecido en los últimos años. Con una maqueta que recibió todo tipo de elogios, la artista afincada en Barcelona ha rescatado algunas de sus viejas canciones, ha compuesto media decena de piezas nuevas y, con la ayuda de David Rodríguez (Beef, La Estrella de David), ha grabado "Romancero", uno de los discos más esperados y sorprendentes de la temporada.
Pop artesanal, arreglos exquisitos e imaginativos, melodías cristalinas y letras emocionantes. Bajo un sol intenso interpretó las canciones de su disco, entre las que destacaron "De momento abril", "9.6" y "Ya no", contando con la colaboración al final de su actuación de Joe Crepusculo.

Estuve un rato viendo a The Bats, unos clásicos del pop neozelandés, que llevan más de dos décadas mostrando un pop brillante, con una mezcla de melodías clásicas y rock americano. Se Formaron en Christchurch en 1982 por Robert Scott, Kaye Woodward, Paul Kean y Malcom Grant, y durante estos años nos han ofrecido una espléndida discografía en la que destacan trabajos como su imponente debut, "Daddy’s Highway", o los adictivos "Fear Of God" o "The Law Of Things".

De ahí me fui a ver a Girls, el dúo formado por Chet JR White y Christopher Owens en San Francisco, la ciudad en la que viven. Han visto como su popularidad subía como la espuma gracias al boca-oreja, y con un single, "Lust For Life", escogido por Pitchfork como una de las mejores canciones de 2008.
Tienen una habilidad especial para combinar la tradición más brillante del pop con arreglos de folk-rock y descargas eléctricas. En directo se movieron entre un pop delicioso y momentos más ruidistas de genial interpretación. Sin duda se trata de un grupo a tener en cuenta y del que hay que estar atentos para cuando publiquen su primer trabajo largo.

Solo me dio tiempo de llegar al final de la actuación de Spectrum, cuando ya estaban dando rienda suelta a los experimentos con la distorsión. Se trata del proyecto con el que Peter Kember muestra, aunque sea tímidamente, su faceta mas pop. Desde que Spacemen 3 se disolvieron, la banda británica en la que también militó Jason Pierce (Spiritualized), Peter no ha dejado de buscar nuevos medios con los que dar salida a sus obsesiones sonoras y su infatigable ansia experimental.

Así que me fui a ver el concierto de The Vaselines, la banda que formaron en Glasgow Eugene Kelly y Frances McKee en 1986, y que se convirtieron en clásicos de culto cuando Kurt Cobain aseguró que Kelly y McKee eran sus compositores favoritos y grabó versiones de "Molly’s Lips" y "Son Of A Gun" para una Peel Session de la BBC en 1990. Antes habían pasado injustamente desapercibidos en el big bang del indie de finales de los ochenta a pesar de tener unas canciones preciosas.
Se separaron en 1989, y ahora, veinte años después, regresan a los escenarios para reivindicarse como una de las bandas más frescas e inspiradas nacidas en la primera edad del pop indie británico. Están mayores, pero siguen siendo absolutamente necesarios. Su colección de hits es como asistir al germen de casi todo lo que después se oiría en el indie de los 90. El final de su actuación, celebrado por todos los asistentes fue la interpretación de "You Think You’re A Man".

Después me fui a ver a Joe Crepúsculo, que ha sido el autor de no uno sino de dos de los mejores discos de la pasada temporada, los espléndidos “Supercrepus” y “Escuela de Zebras”, y que sigue con su imparable carrera en solitario al margen de Tarántula. Se presentó con Los Destructores, una banda confeccionada especialmente para la ocasión, y entre los que se encuentra J Irizar, miembros de Beef y Tarántula.
Dio un repaso a su catálogo de pop chatarrero con enormes dosis de talento. Grandes canciones de amor y desamor que le dan a la vuelta al tecno-pop de los ochenta para convertirlo en un dechado de desparpajo, espontaneidad y urgencia. Una actuación divertidisima, donde no paramos de cantar y bailar, y de reír con la maquinita de samplers que llevaba, y que no paraba de lanzar proclamas del festival.

Y después me acerque a ver a Yo La Tengo, uno de los principales baluartes del pop independiente norteamericano y uno de los grupos con una trayectoria más inquieta e inmaculada, que han venido a actuar, por tercera vez al Primavera Sound, cuando se cumplen 25 años de su nacimiento como banda, y para seguir ampliando su leyenda como iconos del pop alternativo.

Y de allí me fui a ver a uno de los artistas que mas me apetecía ver del cartel del festival, Andrew Bird, el músico de Chicago que se dio a conocer a mediados de los noventa con una excéntrica y personalísima revisión de la música de raíz americana. Con el paso del tiempo ha llegado a ser uno de los más respetados artesanos del pop actual.
Es un violinista excelso y ha convertido el silbido en nuevo recurso expresivo, y se ha especializado en anudar folk y pop de cámara. Fue impresionante ver como tocaba las guitarras, el violín, silbando y sampleandose a sí mismo y cantando canciones preciosas y delicadas.

Solo me dio tiempo a llegar a ver el final de la actuación de Phoenix, los parisinos debutaron en 2000 con "United" y empezaron a sonar en los círculos indies gracias al tema “If I Ever Feel Better”. En su segundo trabajo "It’s Never Been Like That", cambiaron el lujo de su primera producción por un pop crudo y nervioso inspirado en grupos británicos de los ochenta como Aztec Camera o Prefab Sprout. Ahora están presentando su último disco bautizado con el elocuente título de "Wolfgang Amadeus Phoenix".

Y de ahí me fui a ver uno de los conciertos mas esperados del festival, y mas después de haber disfrutado tanto viéndoles el año pasado en el Saturday Night FIBER. My Bloody Valentine congregaron a una multitud frente al escenario principal, ansiosos de vibrar con su sonido. Casi dos décadas después de su edición, "Loveless" sigue considerandose como uno de los discos más bellos y letales jamás grabados, auténtico pilar del noise-pop, en el que las guitarras suenan como reactores de aviones, la fragilidad cristalina hace buenas migas con el shoegaze y el ruido adquiere una nueva dimensión sónica y artística.
Menos mal que la organización del festival repartía tapones para los oídos, porque el volumen sobrehumano de sus paredes de guitarras puede acabar destrozandote. Lo que si que hace es que la vibración del sonido recorra todo tu cuerpo. Lo cierto es que una vez desconectados los amplificadores, el recital creció en el recuerdo, quizá porque el pitido en los oídos se encargó de ello. Esta fue su primera actuación en el festival, porque para el día siguiente se esperaba su concierto en recinto cerrado, dentro del Auditori.

Todavía en éxtasis, me dirigí a ver a Wooden Shjips, peculiar e inclasificable formación comandada por Ripley Johnson que se ha dado a conocer gracias a su mezcla de psicodelia, minimalismo y krautrock. Creada en 2003 en San Francisco con la intención de romper esquemas y alejar a los músicos de sus instrumentos naturales.
Comenzaron su carrera con una serie de singles que acabaron desembocando en un álbum homónimo que presenta a los californianos como una suerte de Doors retrofuturistas. Ritmos de bajo y batería repetitivos hasta la náusea, teclado altamente psicodélico, guitarra totalmente distorsionada y una voz morrisoniana con el reverb a tope hacen de Wooden Shjips uno de los grandes descubrimientos del año pasado.

Terminé mi primer día de conciertos viendo a The Horrors, los londinenses que se presentaron como siempre de negro riguroso. Se dieron a conocer hace un par de años con su disco de debut, "Strange House", que hizo que se convirtieran en los niños mimados del rock británico. Muy aplaudido por unos y muy criticado por otros.
Ahora acaban de publicar "Primary Colours", un disco producido por Geoff Barrow (Portishead) y Chris Cunningham y en el que se presentan más oscuros, atmosféricos e intrigantes. Tal vez por la hora a la que tocaron se mostraron un tanto anodinos, muchas de sus canciones sonaron sin afilar. Ellos se quejaban del sonido y pedían más volumen, pero tal vez era a ellos a los que les faltaba intensidad.

VIERNES 29 DE MAYO

El viernes lo comencé en el Auditorí, viendo la actuación de Damien Jurado, un cantautor originario de Seatte, torturado e hipersensible, que se ha convertido en el portavoz de los relatos trágicos y las canciones que acaban mal. Acaba de publicar "Caught In The Trees", álbum mas abierto sin reparos al rock.

Y después estuve viendo a Crystal Stilts, el cuarteto de Brooklyn que unen el sonido de Jesus & Mary Chain, con el rock de los años cincuenta y, como no, el punk epiléptico de Joy Division (la voz del cantante Bragg Hargert recuerda poderosamente a la de Ian Curtis). Rock correoso con conexiones al garage y al art-punk.
Se han presentado con un intenso álbum de debut, "Alight Of Night", que les ha convertido en una de las bandas favoritas de las publicaciones musicales. Consiguieron abarrotar el escenario Pitchfork a pesar de lo temprano de la hora, y dieron una lección de indie rock sucio, mirando de frente a todo el legado del que beben.

Continué viendo a Magnolia Electric Co., el proyecto de Jason Molina con el que continua investigando en las profundidades del country alternativo, con un sonido mucho mas clásico y siguiendo cada vez cada vez más fielmente el evangelio de su mentor Neil Young. Este año está lleno de novedades para un Molina que, además de publicar un disco grabado a medias con Will Johnson (Centro-Matic), presentará el nuevo trabajo de Magnolic Electric Co., un álbum grabado con Steve Albini en los estudios Electrical Audio de Chicago y bautizado provisionalmente como "A Map Of The Falling Stars".

Después, en el escenario principal, vi a Bat For Lashes, el proyecto unipersonal Natasha Khan desde que la británica de origen pakistaní decidió prescindir de los servicios de Abi Fry, Lizzy Carey y Caroline Weeks para proseguir en solitario con una carrera que mira sin reparos a Kate Bush, Tori Amos e incluso a Björk, con quien se la ha comparado debido a lo peculiar de su voz.
En su disco de debut, "Fur And Gold", jugó a combinar pop oscuro y rock místico, y acaba de publicar "Two Suns", un álbum conceptual en cuya grabación han participado Yeasayer y el mítico Scott Walker. Embutida en un traje blanco y negro geométrico, y acompañada de espumillón, angelitos y un ambiente navideño, su voz impresionante dejó en éxtasis a muchos de los asistentes en cuanto comenzó a sonar ‘Glass’.

Y continué viendo a Vivian Girls, tres chicas, Cassie Ramone, Kickball Katy y Ali Koehler, instaladas en Brooklyn y que tomaron su nombre en honor al ilustrador y dibujante norteamericano Henry Darger. Retoman el brío melódico de los girl groups de los sesenta y la apariencia deslavazada del indie de los noventa con el sonido destartalado del punk más doméstico.
Son muy divertidas y derrochan talento, y presentaron en Barcelona las canciones de su debut homónimo que contiene diez temas en apenas veinte minutos, genuinas píldoras de punk pop, y algunos temas nuevos del que será su segundo disco, que ya tienen terminado y llevará por título "Everything is Wrong", y según ellas han comentado contiene canciones más largas e influenciadas por Gun Club y Neil Young.

En la zona del mercadillo, mySpace tenía montado un stand donde habían actuaciones en formato acústico durante las tardes del festival. Cuando pasé por allí estaba tocando Abraham Boba, uno de los artistas más completos de la escena nacional, compositor y arreglista, que tocó alguno de los temas de su último disco "La Educación".

Volví a ir al Auditori a ver la actuación de Joe Henry, que ha sido uno de los más ilustres desconocidos del rock americano hasta que publicó el sublime “Civilians”, que consiguió que por fin se hiciera justicia, mostrando el singular talento de este autor con sello de clásico instantáneo.
Comparado con artistas de la talla de Bob Dylan, Tow Waits o Randy Newman, Henry lleva componiendo y grabando desde 1986, pero sus delicadas inmersiones en la música popular se han visto eclipsadas por su creciente fama como productor para Solomon Burke, Elvis Costello & Allain Toussaint, entre muchos otros. En sus discos se dedica a releer la tradición estadounidense mezclando jazz, blues y folk.

Seguidamente me fui a ver a una de las jóvenes bandas que mas revuelo a provocado últimamente, y la consiguiente expectación en el festival para comprobar que tal sonaban en directo, The Pains Of Being Pure At Heart, poético nombre tras el que se esconden Alex, Kip, Kurt y Peggy, cuatro músicos de Nueva York dispuestos a compartir con el resto del mundo su pasión por el pop turbio y pringado de fuzz de los ochenta, y las melodías tensas de The Wedding Present.
Han ido proporcionándonos canciones extrañamente atractivas en un primer EP y en unos cuantos singles que la banda publicó el año pasado. Su música ganó en directo, porque se afila en vez de hacerse más suave y, porque se nota que el público entra en comunión con ellos, deseosos de que lleguen los estribillos para cantarlos bien fuerte.

Después tuve que hacer una larguísima cola para poder volver a entrar al Auditori, ya que todos queríamos vivir una de las experiencias sonoras mas brutales de nuestra vida. Meter dentro de un recinto cerrado a la apisonadora noise de My Bloody Valentine. Este fue el momento cuando los tapones para los oídos que se repartían a la entrada al concierto se hicieron imprescindibles, aunque vi a algunos valientes que intentaron aguantar toda la actuación sin ponérselos.
Si el concierto del jueves fue inmenso, no tengo palabras para explicar lo que se vivió en el Auditori. Fue algo mágico, con un sonido muy mejorado al del día anterior y que hacía vibrar los asientos, el cuerpo y hasta el aire. Toda una prueba de resistencia para la estructura del edificio.

Luego me fui a ver a Jarvis Cocker, el músico de Sheffield que fue líder de Pulp durante más de dos décadas y uno de los iconos más reconocibles del pop británico durante los noventa. En 2006 decidió probar fortuna en solitario con "Jarvis", álbum con el que perfeccionó su condición de ácido heredero de Ray Davies. Sus canciones, elegantes y románticas, han pasado por las manos de Nancy Sinatra y Marianne Faithfull. Inquieto formó el proyecto electrónico Relaxed Muscle junto a Richard Hawley, colaboró con Charlotte Gainsbourg, participó en el homenaje a Leonard Cohen e incluso compuso temas para la banda sonora de Harry Potter.
En esta ocasión vino a presentar su segundo disco en solitario, un álbum que suena más fuerte y más rock. Un conciertazo, sonó duro y con mucho protagonismo para las guitarras, que a ratos recordaban al postpunk de Gang of Four o Wire. Cocker estuvo espléndido, activo y generoso. En un momento le tiraron una pancarta rollo fan adolescente ("Jarvis tío bueno"), y se la puso en plan capa, describiéndose como "un superhéroe de mediana edad".

Y después me fui a ver la actuación de Saint Etienne, que acaban de publicar "London Conversations", álbum en el que resumen sus grandes éxitos y dan buena cuenta de casi dos décadas de himnos sintéticos de pop electrónico. Se unieron al ambiente festivo y las ganas de bailar del publico y dieron un concierto de hits muy bien recibido, y es que no faltó ninguno: ‘Heart Failed’, ‘Only Love Can Break Your Heart’, ‘Who Do You Think You Are’… y por supuesto el himno indie ‘He’s On The Phone’.

Terminé el día con la actuación de Bloc Party, la banda que nació en pleno apogeo del nuevo post-punk británico, aportando músculo en un primer disco, "Silent Alarm", que mezclaba a Gang Of Four, Joy Division y The Cure en la inconfundible garganta de Kele Okereke. El éxito fue tal que el nombre de Bloc Party capitalizó titulares en la prensa musical británica.
Sus giras se sucedieron con sucesivos llenazos y The Chemical Brothers reclutaron a Okereke para que pusiera voces en el tema "Believe" de su disco "Push The Button". "A Weekend In The City", su segundo trabajo, descubrió a una banda más experimental, atmosférica y por momentos electrónica, y ahora estan presentando su tercer disco “Intimacy” que refuerza este sonido.

SABADO 30 DE MAYO

El sábado lo comencé en el Auditori viendo la actuación de The New Year, la banda de los hermanos Kadane, surgido de las cenizas de Bedhead, y heredando de su predecesor el gusto por la calma tensa y la alergia a las prisas. Se han tomado cuatro años para terminar “The New Year” donde siguen manejando el sonido, con frenazos en seco y canciones de pop a cámara lenta.

Y continué en el Auditorí para ver a Alela Diane, la cantante de Nevada que se autoprodujo su primer álbum, y ahora acaba de publicar "To Be Still", el disco que debería confirmarla como la nueva gran renovadora de la tradición musical estadounidense, con un sonido que hace que las comparaciones la sitúen a pocos pasos de Joanna Newson y Devendra Banhart.

Ya de vuelta al Parc del Forum me fui a ver a Chad VanGaalen, el cantante, compositor e ilustrador canadiense que no es un cantautor al uso y esquiva cualquier posible encasillamiento y que realiza canciones que nos llevan a Sufjan Stevens o Devendra Banhart o nos recuerdan a Pavement o Broken Social Scene.

Y de ahí me acerqué a ver a Shearwater, el proyecto de Jonathan Meiburg, multiinstrumentista y compositor de corte clásico que se encuentra entre Leonard Cohen y Bill Callahan; entre Nick Drake y Will Oldham. Después de estrenarse con “The Dissolving Room” y “Everybody Makes Mistakes”, dos trabajos en los que la colaboración entre Meiburg y Will Sheff, líder y cantante de Okkervil River, era aún fluida, Meiburg comenzó a tomar las riendas de la banda para conducirla hacia un rock de autor elegante, sofisticado y melancólico.
Su disco “Palo Santo”, publicado en 2007, y reconocido por publicaciones norteamericanas como el New York Times como uno de los mejores trabajos de aquel año, significó el salto definitivo de Meiburg, responsable por primera vez de firmar todas las composiciones del disco.

Y si perder un minuto me fui a disfrutar de uno de los grupos que mas me apetecía ver del festival, Kitty Daisy & Lewis, la gran revelación de 2008 y una de las máximas sorpresas de la temporada. Este trío británico está formado tres hermanos jovencísimos (una de ellas cumplió los 21 años en el mismo festival), hijos de Ingrid Weiss, batería de The Raincoats, que les acompaña en directo, y que coleccionan compulsivamente discos de rockabilly y han rentabilizado su pasión por el rock de los años 50 con un disco que parece llevar medio siglo encerrado los archivos de Sun Records.
Se dieron a conocer en 2005 con el single "Honolulu Rock" y ahora han publicado su primer álbum homónimo, para cuya grabación construyeron un estudio casero inspirado en las viajas salas de grabación de Chess o el caótico estudio de Joe Meek, y que ha dado como resultado un irresistible y adictivo álbum de rock and roll, rockabilly y hillbilly.

Estuve viendo el concierto de The Jayhawks, uno de los grandes nombres del cartel de este año. Se formaron a mediados de los 80, con Gary Louris y Mark Olson al frente y triunfaron sobre todo en los 90, al menos hasta que Olson dejó la banda en 1995. De ahí en adelante, Louris siguió comandando el grupo durante tres discos más. Tanto Louris como Olson han tenido carreras en solitario, pero en 2006 empezaron a tontear de nuevo con una gira conjunta, e incluso un disco a medias.
Y ahora la banda está oficialmente reconstituida en su formación clásica. Son unos clásicos en su manera de abordar el pop y el rock, y con gran acierto en su repertorio conseguido gracias a una carrera de fondo y con numerosos éxitos. Sonaron extremadamente bien y satisficieron a todos los asistentes.

Después me acerqué a ver a Plants & Animals, cuatro chicos de Montreal, Canada, que son de los artistas del cartel más desconocidos por aquí, pero a su vez una de los que más me sorprendieron. Me gustaron mucho gracias a su sonido, a medio camino entre lo épico de Arcade Fire y los coros a lo Flaming Lips.

Y luego fui a ver a Herman Dune, que con lo que me gustan, no podía ser que tocaran en el festival y no estuviera allí escuchándoles. David Ivar Herman Dune ocupa el escenario con la naturalidad del que traspasa el umbral de su casa y no necesita mucho más acompañamiento musical que el de un bajo y una batería, ésta a cargo de Neman Herman Dune.
Las contagiosas melodías de sus dos últimos discos, Giant (2006) y Next Year In Zion (2008), son las excelentes bazas que la banda exhibe con desenvoltura. A pesar de no explotar todo su potencial se nota que han dejado a la mayoría de los asistentes un poco más felices.

Y llegó el momento del ver al artista cuyo nombre estaba escrito con letras mas grandes en el cartel del festival, Neil Young. Además se notaba, porque entre el público se veía a gente que fue al festival únicamente para verle. En el escenario principal ya no cabía ni un solo alfiler, en lo que quizás fue la mayor masa de gente que ha conocido el Primavera desde sus comienzos.
Los rumores hablaban de un concierto de tres horas pero al final sólo fueron dos horas más o menos, aunque bien podían haberse extendido a tres porque el directo del artista estadounidense es increíble, con un nivel tremendo pese al paso de los años.
El señor Young no paró de moverse con una soltura increíble por todo el escenario, y tiró de clásicos imprescindibles (Hey Hey My My, Heart of Gold, Cinnamon Girl y demás), con unas guitarras que sonaron igual de quebradas que en sus mejores momentos. Para terminar aluciné con la versión del A Day in the Life de los Beatles donde aporreó las cuerdas de la guitarra hasta destrozarlas, dando toda una lección a los grupos más noveles.

Todavía con el subidón me acerqué a ver a Liars, una banda de tres integrantes que inicialmente se sumergieron en la escena neoyorquina del dance-punk a comienzos del siglo 21, y que han tenido dramaticos cambios estilisticos entre albumes, de la no-wave angular de su debut al rock frontal y ‘normal’ de su último y homònimo trabajo, mientras preservan su consistente interes en el ritmo y la textura.

Y después fui a ver a Deerhunter, banda que nació en el año 2001, fundada por Bradford Cox y por Moses Archuleta. Originarios de Atlanta, actualmente son una de las bandas más interesantes del panorama indie con un estilo que se mueve entre el shoegazing, el post punk y el ambient noise.
Tras su último álbum, Microcastle / Weird Era Continued, tenían papeletas que que su directo iba a ser espectacular, y así lo fue. El talento de Bradford Cox no tiene fin, se ha dado cuenta de que su parte mas débil es experimentar fuera del formato canción, así que su concierto se centró en sus hitazos.

El escenario principal lo cerró Sonic Youth, que completaron el pódium de grandes artistas que pasaron por allí ese día, manteniendo el gran nivel mostrado por los dos grupos previos. Presentaban su último trabajo, The Eternal, que tiene una pinta increíble, canciones cortas, contagiosas y alejadas de experimentaciones que en concierto se convirtieron en descargas sencillas y directas, con demostraciones magistrales de que pueden con cualquier género, ya sea más lento o más rápido.
Se nota que vuelven a sentirse como hace 20 años y atacan sus nuevas canciones con fiereza y desparpajo adolescente, y eso es de destacar con los años que ya llevan a sus espaldas. Sin necesidad de hacer un greatest hits, aunque colando varios temas imprescindibles, Sonic Youth volvieron a revelarse como una banda con futuro. Son bestiales y su directo estuvo a un nivel altísimo, como en sus buenos tiempos.

Después me acerqué un momento a ver a Simian Mobile Disco, que son James Ford y James Anthony Shaw. Este dúo de Djs y productores de música electrónica se dedican tanto a su propia producción como a otros grupos como los Klaxons o Artic Monkeys. Ritmo en estado puro con sintetizadores, bases y loops que construyen y destruyen un entramado de formas sonoras de difícil calificación.
Fueron el FIB y los Chemical Brothers los que crearon la tradición dentro del universo festivalero de programar un grupo techno a última hora del día grande y reventar el festival. 2 Many Djs les sustituyeron, Daft Punk lo intentaron en el Summercase y Justice se licenciaron con nota en el FIB del año pasado. Simian Mobile Disco estaban llamados a desempeñar ese papel pero para mi no terminaron de funcionar con una apuesta durísima.

El festival terminó para mí con Black Lips, rock y punk con mucha garra de lo más clásico. En vivo suenan más a los Clash que a una banda garagera, pero son capaces, incluso tocando a altas horas de la madrugada y de que se les notaba que habían pasado mucho tiempo en las barras del festival, de mantener viva la llama del público después de tres días intensos de conciertos. Tres días que disfruté muchísimo, con tal cantidad de múltiples e interesantes propuestas musicales.

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